Implementación del proyecto de intervención

Primeros encuentros: conocer para acompañar

Para mí, estos primeros días de intervención han marcado el comienzo auténtico del proyecto de acompañamiento que se diseñó anteriormente. Más allá de la planificación y del diseño teórico, los días 24 y 26 de noviembre conocí por primera vez a los jóvenes que participarían en el proceso, pero fue de manera individual. Las sesiones se llevaron a cabo con la compañía de una compañera del equipo, lo que favoreció el desarrollo de los primeros encuentros y aportó una perspectiva complementaria al proceso.

Cuatro jóvenes, de 19, 22, 25 y 29 años, que tienen caminos de vida y laborales muy distintos pero comparten un rasgo común: la necesidad de ser escuchados y acompañados. Este primer contacto supuso para mí el comienzo real de la implementación del proyecto en el contexto del programa Ocell de Foc y me permitió situarme, desde el inicio, en una actitud de escucha y observación.

El carácter de estas primeras sesiones fue fundamentalmente exploratorio. No era mi intención intervenir directamente en ese momento, sino entender, observar y crear un ámbito de confianza donde los jóvenes pudieran comunicarse con calma. El no estar sola en la sesión me dio más confianza en este primer contacto y, a la vez, promovió un ambiente de acompañamiento profesional mutuo.

Durante las entrevistas abordamos aspectos relacionados con la situación personal, la trayectoria formativa y laboral, las rutinas diarias y las expectativas de futuro de cada joven. Los temas relacionados con la situación personal, el recorrido laboral y formativo, las expectativas futuras de cada joven y sus rutinas diarias fueron tratados en las entrevistas. En diversas ocasiones, se presentaron emociones de inseguridad, desmotivación y bloqueo cuando se trataba de encontrar trabajo; también hubo dificultades  para reconocer las fortalezas individuales. Desde el primer momento, estas conversaciones demostraron la íntima vinculación que existe entre la situación sociolaboral y el bienestar emocional.

Se llevó a cabo, además de la entrevista, una prueba para detectar malestar emocional. Esta herramienta posibilitó que se objetivaran ciertas percepciones que habían emergido en la conversación y propició una reflexión conjunta acerca del estado emocional de cada uno de los jóvenes. Se identificaron niveles de malestar medio y moderado en ciertos casos, particularmente relacionados con la falta de motivación y la falta de certeza sobre el futuro laboral.

Con base en los datos obtenidos en estas primeras sesiones, empecé a proponer, junto con el equipo, un primer camino individual para cada joven, que integra apoyo emocional y asesoramiento laboral. El propósito de esta etapa inicial no fue establecer objetivos estrictos, sino definir un punto de partida adaptable que pudiera ajustarse a los ritmos y requerimientos individuales.

En lo personal y en lo profesional, estas primeras sesiones fueron especialmente significativas. Me posibilitaron situarme en el rol de psicopedagoga desde una postura de respeto y escucha activa, mientras comprendía la relevancia de trabajar en conjunto con otros profesionales. El acompañamiento de una compañera fue esencial para contrastar observaciones, reflexionar sobre la práctica y mejorar el procedimiento de evaluación inicial.

Pienso que el comienzo de este proceso ha sido crucial para establecer las bases de la intervención futura y para dar inicio a la construcción de mi identidad profesional a partir de una práctica ética, colaborativa y reflexiva.

A continuación, comparto una imagen del espacio en el que se desarrollaron las entrevistas individuales, un lugar que permitió crear un clima de confianza y escucha, siempre respetando la confidencialidad de los jóvenes.

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